miércoles, 16 de marzo de 2016

JUEVES SANTO, AMOR Y ENTREGA


Evangelio: Lucas 22,1-22.
1 Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua.
2 Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.
3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce.
4 Éste se fue a concertar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia el modo de entregárselo.
5 Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.
6 Él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera.
7 Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua
8 y envió a Pedro y a Juan, diciendo: "Id y preparadnos la Pascua para que la comamos."
9 Ellos le dijeron: "¿Dónde quieres que la preparemos?"
10 Les dijo: "Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua
11 y diréis al dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"
12 Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta
13 Fueron y lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua.
14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles
15 y les dijo: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer
16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios."
17 Tomó luego una copa, dio gracias y dijo: "Tomad esto y repartidlo entre vosotros
18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios."
19 Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: "Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros
20 De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros.
21 "Mirad, la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
22 Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!"



Juan 13, 31-33a. 34-35
Durante la Última Cena, después que Judas salió, Jesús dijo: Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado  y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como Yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.


Sabiendo Jesús que ha llegado la ‘hora’ de su muerte y resurrección, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.




LA HORA

Jueves Santo es el día de la «hora» de Jesús, el día de su entrega.

En varios momentos importantes habla san Juan de la «hora» del Señor:

·     en Caná de Galilea
·     en la fiesta de los Tabernáculos («no ha llegado mi hora...»)
·     en la última cena («ya se acerca la hora...»).

Propiamente, la «hora» de Jesús equivale a la fase final de su vida, que incluye muerte, resurrección, ascensión y efusión del Espíritu.

Según Juan, el «día» de las obras de Jesús termina con la «noche» de la hora.

La «hora», en la Escritura, es el momento de la intervención salvífica de Dios.

Es tiempo de revelación, de adoración, de liberación y de persecución. Es el momento fijado por el Padre para glorificar a su Hijo por sus obras y por la cruz. A todos nos llega de un modo u otro nuestra «hora».



PERO QUIEN ES Y AQUE VINO, CUAL HORA

29 Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: ``Después de mí viene un hombre que es antes de mí porque era primero que yo. 



MATEO 20:28

Pues el Hijo del Hombre NO vino para SER SERVIDO, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos».



DOS ENTREGAS

Hay, en la base de todo lo que celebramos hoy, dos entregas; dos entregas de signos bien distintos y, evidentemente, de resultados opuestos.

Una es la entrega de Judas. La traición y el beso hipócrita son su esencia, sus componentes. El móvil, como siempre, unas monedas, un dinero, unas ganancias. Era más provechoso tener "liquidez" en el bolsillo, que una vida humana.

La famosa sentencia “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios

El dinero siempre va a estar en contra de pensamientos sociales como la solidaridad, la paz o la libertad, pues en estas palabras se va a buscar un beneficio, es decir, se intenta sacar beneficio económico a estas palabras, perdiendo su sentido profundo, atacando a la base misma de su mensaje y de su oportunidad. El dinero va contra la espiritualidad en este sentido porque busca el beneficio propio y no el común.


La otra entrega es la de Jesús; él no vende a nadie, se da él mismo;

él no busca el interés, ni el dinero, ni la ganancia, sino la vida para sus amigos,

el testimonio que les dará fuerza y ánimo para seguir sus pasos, la ratificación, con su carne y su sangre de que sus palabras no son sólo palabras, ni utopías, ni ilusiones, sino realidades tan auténticas y tan serias que, por ellas, se puede pagar un precio tan caro como el dar la propia vida.

Y así, en ese gesto de amor que se teje sobre el pan y el vino (el alimento y la alegría, la carne y la sangre) Jesús se deja a sí mismo para permanecer siempre con los suyos, para que nunca se encuentren solos ni desamparados en medio del duro combate de la vida. Frente a uno que vende, que le vende a él por unas pocas monedas, Jesús se da, se ofrece gratuitamente; se quiere quedar para siempre con los suyos y se queda.

Si queremos responder con autenticidad, al estilo del evangelio, tendremos que proceder de otra forma: ver en lugar de quién nos solemos poner en la vida diaria:
v -¿En lugar de los parados que andan entre la desesperación y el abatimiento, con pocas -o ninguna- perspectiva de solución, porque el paro crece día a día como un imparable cáncer social?
v -¿En el de esos gitanos que, día a día, son vejados, rechazados, aislados, expulsados de sus zonas de concentración, quemadas sus chabolas...?
v -¿En lugar del anciano enviado al asilo para que no moleste en casa
v del transeúnte que no tiene dónde comer ni dormir?
v -¿En lugar del que ha sido metido entre rejas, del drogadicto, de la madre soltera, del homosexual, de la prostituta?
v -¿En lugar del campesino, o del inmigrante africano o sudamericano?
Esa es la única manera válida para saber en lugar de quién nos ponemos; un método que no lo hemos inventado nosotros; son las mismas palabras de Jesús: "...porque tuve hambre y me diste de comer... cada vez que lo hacías a uno de los más pequeños, me lo hacías a mí" (/Mt/25/31-46).

El Juicio Final MATEO  25

31 “Pero cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con El, entonces El se sentará en el trono de Su gloria; 32 y serán reunidas delante de El todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a la izquierda.
34 “Entonces el Rey dirá a los de Su derecha: ‘Vengan, benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. 35 ‘Porque tuve hambre, y ustedes Me dieron de comer; tuve sed, y Me dieron de beber; fui extranjero, y Me recibieron; 36 estaba desnudo, y Me vistieron; enfermo, y Me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí.’ 37 Entonces los justos Le responderán, diciendo: ‘Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento y Te dimos de comer, o sediento y Te dimos de beber? 38 ‘¿Y cuándo Te vimos como extranjero y Te recibimos, o desnudo y Te vestimos? 39 ‘¿Cuándo Te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?’ 40 El Rey les responderá: ‘En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron.’
41 “Entonces dirá también a los de Su izquierda: ‘Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. 42 ‘Porque tuve hambre, y ustedes no Me dieron de comer; tuve sed, y no Me dieron de beber; 43 fui extranjero, y no Me recibieron; estaba desnudo, y no Me vistieron; enfermo, y en la cárcel, y no Me visitaron.’ 44 Entonces ellos también responderán: ‘Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento o sediento, o como extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no Te servimos?’ 45 El entonces les responderá: ‘En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a Mí lo hicieron.’ 46 Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.”



EL LABATORIO

hace este gesto de lavar los pies porque es un gesto simbólico: lo hacían los esclavos, los siervos, a los comensales, a la gente que venía al almuerzo o a la cena porque en aquel tiempo las calles eran todas de tierra, y cuando entraban a casa, era necesario lavarse los pies.
Jesús hace un gesto, un trabajo, un servicio de esclavo, de siervo, y esto lo deja como herencia entre nosotros.
EL GESTO. Por eso es mayor la perplejidad de los discípulos ante el desconcertante gesto del maestro antes de cenar.
Recordaban los duros altercados de Jesús con los fariseos para defenderles de acusaciones de tipo ritual: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los antepasados?
No se lavan las manos a la hora de comer" (Mt. 15, 2).

Y, sin embargo, ahora era el mismo Jesús quien recriminaba a Pedro por rehusar el lavatorio de los pies.
. "Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros".
 El gesto no era pues un rito, sino la eclosión de una existencia, la expresión de una riqueza interior.
No era el cumplimiento legalista de un precepto, sino la exteriorización sencilla de una actitud vital:
el servicio y la entrega a los demás. Era la "hora definitiva" de Jesús porque "el amor iba a llegar hasta el extremo".
HISTORIA DE LA MADRE TERESA

Nosotros tenemos que ser servidores unos de los otros, y por eso la Iglesia, en el día de hoy cuando se conmemora la Última Cena, cuando Jesús ha instituido la Eucaristía, también hace en la ceremonia este gesto de lavar los pies, que nos recuerda que nosotros debemos ser siervos unos de otros.


LA COMUNIÓN Y LA COMUNIDAD.
(era El, el Señor, quien "estaba a sus pies"),
la entrega de su Cuerpo y de su Sangre, "por vosotros". No era una cena-homenaje,
sino una cena-entrega, en que el Señor da parte de sí mismo a sus amigos, crea una comunión de vida con ellos.
El gesto una vez responde a una realidad. Por eso la cena del jueves no se puede entender sin la cruz del viernes.
"Cada vez que coméis de este pan y bebéis de esta copa, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva" (1Co/11/26).
No existe mayor amor que el que da la vida por sus amigos, había anunciado Jesús. Dar verdad a estas palabras significaba una entrega sin reservas.
El gesto no quiso ser un recuerdo bello para la historia,
sino un mandato que ponía en pie una comunidad nueva:
La de los que sirven humildemente a los demás, la de los que en el Cuerpo y Sangre de Jesús reciben fuerza para amar y entregarse hasta la muerte.
"Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis" (Jn. 13, 15). "Haced esto en memoria mía" (1 Cor. 11, 24).



INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA. Lo que Jesús hizo en la última Cena es para nosotros, los cristianos, un indicativo y un imperativo:

la expresión del amor de Jesús a los hombres y el mandamiento de amarnos los unos a los otros.

Jesús toma un pan; él se ha roto en su vida sirviendo a los demás, repartiéndose entre quienes necesitan su luz, su verdad o su vida. Ahora rompe el pan, lo reparte entre los Doce y les dice:

"Tomad, comed. Esto es mi cuerpo". Imposible reflejar mejor lo que su vida ha sido. Imposible perpetuarse de manera más clara entre sus discípulos.


I Corintios  11: 23 - 26

23
Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
24
y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
25
Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bibiereis, hacedlo en recuerdo mío.»
26
Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.


 Imposible dejar un signo más patente de lo que su vida fue y, por ende, de lo que debe ser la vida de quien camine tras sus pasos:

partir y repartir el pan; partirse y repartirse entre los hombres.

La primera Eucaristía, resumen, explicación y perpetuación de toda su vida. Nuestras eucaristías ¿también? ¿También son expresión de nuestra vida, partida y repartida entre los hombres? ¿También son "fuente y cumbre de nuestra vida cristiana"? (cf. LG. 11).

Lo que Jesús hizo en la última Cena es para nosotros, los cristianos, un indicativo y un imperativo: la expresión del amor de Jesús a los hombres y el mandamiento de amarnos los unos a los otros.

La señal de los cristianos: El distintivo de los cristianos es el amor: "En esto conocerán que sois mis discípulos". No en los ritos, no en la misa, sino el amor hasta el extremo de dar la vida por los enemigos. Porque el sentido de la misa es el amor, de la misma manera que el sentido de la cena de Jesús en la noche del jueves santo es la muerte en la cruz al día siguiente. ¿De qué nos sirve, entonces, comer juntos un mismo pan en las iglesias, si después nos quitamos el pan los unos a los otros? Comulgar con Jesús es siempre comprometerse con su causa, incorporarse a Jesús para entregarse con él a todos los hombres.



PAPA FRANCISCO

 “tienen que amarse y ser servidores en el amor. Ésta es la herencia que nos deja Jesús”.


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